La ciencia forense y cómo se aplica en crímenes reales

La ciencia forense, también conocida como criminalística, se basa en la aplicación de métodos científicos para asistir a los profesionales del sistema de justicia penal. Combina distintas disciplinas, como la química, la biología y la física, para determinar con precisión qué sucedió en la escena de un crimen, ya sea un homicidio, agresión sexual o robo.

¿Cómo se desarrolla un proceso forense?

Todo empieza con una documentación minuciosa de la escena del crimen. Se realizan fotografías, se miden impactos de bala para analizar la trayectoria de los disparos y se recogen testimonios de posibles testigos.

Posteriormente, se recolectan pruebas físicas: huellas dactilares, muestras de sangre o ADN, y armas potencialmente involucradas. Estos elementos se envían a laboratorios especializados para su análisis detallado.

Otro componente fundamental es la victimología, que estudia a la víctima para comprender mejor el comportamiento del agresor.

Mary Ellen O'Toole, Ph.D., directora del Programa de Ciencias Forenses de la Universidad George Mason y exagente del FBI, explica que la victimología comienza con preguntas clave:

"¿Por qué se eligió a esa víctima? ¿La conocía el agresor? ¿Cuál era el nivel de riesgo para ella? ¿Fue atacada en su hogar o en un entorno seguro?"

Responder estas cuestiones ayuda a entender la conducta del criminal y sus posibles motivos. Según O’Toole, al analizar el caso, ya se pueden formar opiniones preliminares que guían el resto de la investigación.

Investigaciones criminales y el orden correcto de operación

Seguir un orden preciso en la investigación es crucial. Los investigadores deben decidir cuidadosamente cómo desplazarse por la escena: ¿entrar primero al baño o al dormitorio? Un paso en falso puede alterar o destruir evidencia.

Esto se vuelve aún más importante al examinar objetos en el laboratorio. Algunas pruebas pueden dañar la evidencia contenida en los artículos.

Peter Valentin, director del Departamento de Ciencias Forenses de la Universidad de New Haven y exdetective, señala:

"Si primero pruebas un arma para ver si funciona sin considerar que tiene evidencia biológica, podrías perder o alterar datos cruciales. Por eso, las pruebas no destructivas deben realizarse lo antes posible."

Con los resultados obtenidos y nueva información, los investigadores pueden construir una imagen más clara de lo sucedido. Lo que parece natural podría ser un asesinato, y viceversa. La ciencia forense proporciona datos objetivos que ayudan a esclarecer los hechos.

Ciencia forense: conectando personas, objetos y lugares

La criminalística permite asociar evidencia con personas, objetos y lugares. Según la Oficina de Estadísticas de Justicia, ayuda a vincular a un sospechoso con la escena del crimen o la víctima.

Valentin resume este concepto en tres puntos:

"Se trata de conectar personas entre sí, personas con objetos y, finalmente, personas y objetos con lugares."

Un ejemplo reciente es el asesinato en la Universidad de Idaho. Los investigadores identificaron al principal sospechoso, Bryan Kohberger, gracias a coincidencias de ADN en el cuchillo usado en los crímenes.

Esto permitió reducir la búsqueda a un vehículo y un número de teléfono específicos, confirmando la presencia del sospechoso cerca de la escena del crimen. Valentin explica:

"Es un ejemplo de cómo la evidencia forense enfoca una investigación: pasas de miles de datos a un sospechoso concreto, lo que es suficiente para presentar un caso sólido ante un jurado."

Análisis de la escena del crimen: la paciencia es clave

Una gran diferencia con la ficción televisiva es el tiempo que toma obtener resultados. Mientras en series de TV los análisis parecen instantáneos, en la realidad pueden tardar días o semanas.

El caso de Gary Leon Ridgway, conocido como el Asesino de Green River, ilustra esto. A pesar de ser uno de los asesinos en serie más prolíficos de Estados Unidos, pasaron más de diez años antes de que una prueba de ADN condujera a su captura.

Entre la década de 1980 y principios de 2000, Ridgway cometió numerosos asesinatos. Aunque los investigadores recolectaron una muestra de saliva en 1987, la tecnología disponible entonces no era suficiente para vincularlo a los crímenes. Fue el avance de la genética en las décadas siguientes lo que permitió, a principios de 2000, confirmar mediante ADN que la muestra de saliva coincidía con la de las víctimas.

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